El paisaje del olivar castellonense

Olivos y paisaje

Se debe considerar el paisaje del Alto Palancia como un crisol de paisajes típicos del Mediterráneo occidental, con valores ecológicos y culturales a conservar, potenciar y recuperar como recurso patrimonial de primer orden para la sostenibilidad del territorio. El paisaje rural tejido por trazas naturales es probablemente el más extendido y valorado en este entorno, con su gran variedad de matices y diversidad formal y agrícola, salpicado de construcciones de arquitectura tradicional como masías y corrales.

La viña, el olivo y el trigo han sido los tres cultivos que han cubierto la estructura de la zona de estudio a lo largo de la historia, predominando unos u otros y apareciendo otros cultivos como el almendro y el algarrobo o los hortícolas y frutales en función de las condiciones geomorfológicas y climáticas de cada zona. La subsistencia de la población históricamente estuvo cubierta en gran medida por la producción de vino, aceite y pan, complementada por otro tipo de cereales y por las hortalizas, legumbres y frutales que lo benigno del clima y la tierra permitieron establecer, esto creó un mosaico paisajístico característico de la zona mediterránea.

Además en algunas zonas de la comarca, como en la vertiente meridional, el espacio agrícola está organizado en grandes superficies cultivadas separadas por otras que no lo están, constituyendo unidades aisladas que recuerdan a una estructura celular. La población tendió a dispersarse en estas zonas de difícil acceso construyendo masías, como las de Abanillas, Rejo, Cucalón, Ferrer, Valero, etc., que constituyen el centro humano que posibilitó la explotación del territorio, (ARROYO ILERA, 1981).

La crisis de la filoxera a finales del siglo XIX produjo la primera gran modificación en el paisaje de la trilogía mediterránea, desapareciendo prácticamente el cultivo de la viña. La industrialización, la aparición de nuevos mercados y las nuevas vías de comunicación ya en el siglo XX, supusieron un paulatino abandono del resto de cultivos, con la consiguiente modificación del paisaje. Hoy en día es el olivo el que ha alcanzado mayor extensión, reintroduciéndose en los últimos años el cultivo de la viña en pequeñas explotaciones vitivinícolas, quedando el cereal concentrado en el altiplano occidental.

La riqueza de esta trama, la variedad cromática y de texturas que provocaba esta trilogía de cultivos desaparece paulatinamente en la actualidad, homogeneizándose y simplificándose el mosaico agrario por la concentración de los cultivos, apareciendo otros como los cítricos en la zona sureste de la comarca y la carrasca para la producción de trufa en la zona noroeste. La uniformización del parcelario se debe también a las formas de producción industrializadas de las nuevas variedades como en el caso del almendro y el olivo. Cabría velar por el mantenimiento de este paisaje por su carácter identirario y cultural.

Ha permanecido la riqueza del patrimonio construido para su aprovechamiento, la arquitectura rural de los bancales, los muros y márgenes de piedra seca que estructuran el territorio, los aljibes, refugios y por supuesto las masías, construcciones que tienen valores identitarios y simbólicos para la población que habita el paisaje.

Sixto D. Lozano Esteban
Arquitecto y paisajista

La viña, el olivo y el trigo han sido los tres cultivos que han cubierto la estructura de la zona de estudio a lo largo de la historia, predominando unos u otros y apareciendo otros cultivos como el almendro y el algarrobo o los hortícolas y frutales en función de las condiciones geomorfológicas y climáticas de cada zona.